Continuó: Nunca, nunca, había sido tocado. El nacimiento de ese piano no había sido como el de los demás, las manos artesanas de Tomás hicieron cada pieza meticulosamente, con un mimo especial, quería darle la última luz de sus ojos que estaban anocheciendo.
Tomás había dedicado toda su vida a la fabricación de pianos; desde chiquillo se fue de aprendiz con su tío Pascual que era un artesano de renombre..y fue el kien le enseñó todo lo que sabía, sus trucos y técnicas, pero además con el tiempo, fue capaz de dotar a cada instrumento una sensibilidad especial.
Cuando su tío falleció, Tomás siguió elaborando esas hermosas cajas de música. Había llegado el momento de hacer la última… Estaba perdiendo la vista..asi k decidió k antes de kdarse ciego, kria realizar su mejor obra, la más bella por dentro y por fuera, porque ésta sería para él.
Empezó con la primera luz del primer día,del primer mes de ese año 1987…Eligió madera de cedro que tuviera buena resonancia. Pasó días, k digo días, meses sin dormir.Fue muy cuidadoso….no descansaba nunca! iba poco a poco construyendo el alma y el corazón del piano, jugaba a ser “el creador”.
En mi mente se dibujaba aquel piano con toda su belleza, llamándome para que viera su hermosura.
Cuando el artesano terminó su trabajo apenas le quedaba luz para ver su gran obra. No sentía orgullo de haber diseñado algo tan maravilloso….sentía amor: Ese piano era su vida.. se convirtió en aquel hijo que nunca tuvo.. Era toda su familia!
.
Una mañana alguien llamó a su puerta. Al abrir oyó una voz grave de caballero y una figura alta que divisaba entra la niebla de sus ojos, que le preguntaba “¿Es usted Tomás?”
El hombre se presentó como el Doctor Gálvez y que venía para comprar un piano porque de oídas sabía que era el mejor constructor de pianos y quería uno muy especial.
El artesano sonrió diciendo “ya no puedo hacer pianos estoy ciego y el único que tengo es para mí”.
El doctor insistió, “¿por favor me puede dejar verlo?”.
Tomás le dejó entrar hasta el lugar donde guardaba su más preciado tesoro, le dijo: “aquí está mi compañero” . Una exclamación salió de la garganta de aquel hombre: “era lo que buscaba”.
El doctor Gálvez empezó a contar a Tomás que quería ese piano para su hija Marta. Tenía catorce años y los médicos le habían detectado una enfermedad por la que en unos meses sus piernas adolescentes ya no caminarían. A ella le gustaba mucho la música, entonces pensó en regalarle un piano para mitigar un poco su dolor. Mientras le explicaba esto al artesano, los ojos de aquel hombre se llenaron de lágrimas contenidas.
El contador de cuentos calla, y dando un suspiro nos mira a todo el público que escuchábamos, cada vez más numeroso.
Entonces, “¿Sabéis por que este es el cuento más bonito del mundo?”.
Porque vosotros tenéis que poner el final.
¿Qué hará Tomás?
Le dirá que sí, ¿O seguirá negando a que el piano siga sin poder ser tocado?.
Vosotros decid como os gustaría que terminara este cuento.
Nadie contestaba, sólo se oían rumores de la gente. El hombre dijo otra vez ¿No queréis poner un bonito final a este cuento?.
Entonces como por un impulso exclamé“Yo, yo quiero ponerle el final”.
Bien, la magia es toda tuya en este momento, dijo él.
Y todo el público se volvió hacia mi.
Tomás le dijo al doctor Gálvez que volviera al día siguiente.
En la mañana temprano sonaron otra vez unos golpes en la puerta, Tomás acudió con toda la presteza que le daban sus piernas, al abrir ya sabía quien era.
“Pase doctor Gálvez y siéntese”. Se pusieron uno frente al otro,y el viejo artesano comenzó a hablar despacio.
“Este piano es lo que me queda en la vida después de tantos años de trabajo, es mi única familia, mi mayor orgullo, es el hijo que no he tenido, pero... entiendo que si nunca puede ser tocado es un piano incompleto, ¿y quién mejor lo puede tocar que una niña?. Ella se irá haciendo mujer, y en él depositará a través de la música todos sus sentimientos, de alegría, tristeza, soledad, será un amigo para ella, un compañero. El piano será suyo. Sólo una condición: cuando su hija toque por primera vez quiero estar allí, escucharla, quiero ser el primero que oiga la música de mi Piano.
El contador de cuentos dijo: “Bravo, un aplauso para el”.
“Y así, señoras y señores, termina el cuento más bonito del mundo. Espero que por unos minutos ustedes hayan podido vivir la ilusión con este humilde contador de cuentos. Si es así yo me daré por bien pagado”.
viernes, 30 de mayo de 2008
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